Las Terapias de Conversión

Terapias de conversión

Las Terapias de Conversión

¿Alguna vez habías escuchado sobre la Terapia de Conversión? Pues esta es un término que describe las prácticas pseudocientíficas que se utilizan para alterar la expresión de género, la identidad de género o la orientación sexual de una persona, pero estas realmente no son terapia. ¿Por qué?

 

Porque la homosexualidad se eliminó del Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales en 1973, sus métodos no están avalados científicamente, no es posible cambiar la orientación sexual de una persona. Estas terapias llevan consigo distintas formas violencia donde asumen que cualquier orientación sexual, que no sea heterosexual, son una enfermedad.

 

El 24 de julio, el Congreso de la Ciudad de México aprobó que estas terapias sean consideradas como delito, ya que se está atentando contra el libre desarrollo de la personalidad e identidad sexual. La sanción que se ha contemplado para este delito, puede ir de 2 a 5 años de prisión y de 50 a 100 horas de trabajo comunitario. Y definen como terapias de conversión a aquellas sesiones que tengan como objetivo: anular, obstaculizar, modificar la expresión o identidad de género o cambiar la orientación sexual del individuo.

 

La doctora Tania Esmeralda Rocha Sánchez, de la Facultad de Psicología de la UNAM, comentó que la familia es uno de los factores más importantes al momento de tomar la decisión de que se acuda a terapias de conversión, pues a veces son ellos los que esperan que su familiar encuentre una solución o para “ahorrarles” un sufrimiento.

 

 “Lo ideal sería informarse, acompañar, acudir a profesionales de la salud que realmente tengan una perspectiva de derechos humanos, de respeto y reconocimiento a la diversidad”. Expresó Rocha Sánchez.

 

Algunas personas acuden a terapia al darse cuenta de su verdadera orientación sexual y necesitan ayudan para procesarlo y para no sentirse mal por ello, a veces por sus prejuicios, o por los prejuicios de otras personas cercanas, o simplemente por miedo de decirle a su familia y de cómo reaccionarían. Y es que el psicólogo nunca te juzgará, te ayudará a trabajar con tus necesidades, malestares y encontraran una solución.